Los altibajos de una potente herramienta de investigación: la historia del ultracentrifugado analítico (UCA)

La expresión “fuerza centrífuga” (de la expresión en latín para designar una fuerza creada al “huir del centro”), supuestamente acuñado en 1659 por el científico holandés Christiaan Huygens, dio lugar a la “centrífuga” en la década de 1860, que aplicó esta fuerza a la separación de la nata de la leche. 

Unos 60 años después se desarrolló la primera “ultracentrífuga analítica”: una centrífuga capaz de centrifugar a velocidades extremadamente altas, combinadas con un sistema óptico para obtener información sobre la composición de casi cualquier solución que se centrifugue.  

A pesar de la sofisticada tecnología subyacente a la ultracentrífuga analítica (UCA) de hoy en día —de los rotores de titanio a los sistemas ópticos de interferencia que pueden registrar exploraciones en menos de cinco segundos—, en sí, la técnica UCA ha cambiado muy poco con respecto a la que se utilizaba hace casi un siglo. 

Y quizás porque está intrínsecamente relacionada con la fuerza de la gravedad, la historia de la UCA ha estado marcada por altibajos desde su introducción en 1923. 

Como líder mundial en tecnología moderna de UCA, Beckman Coulter Life Sciences se complace en presentar un breve historia de esos altibajos: 



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